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El mito de la agenda equilibrada
De la obsesión por el equilibrio a la necesidad de operar en presencia real.

Parado en la 9 de Julio, cruzando el Obelisco, es difícil no saber dónde estás. Lo difícil es saber en cuántos lugares estás al mismo tiempo.
Vine a Buenos Aires por mi cumpleaños, pero en pocos días pasó de todo:
Estrategia de CRUZ en el Palacio Duhau. Reuniones en Palermo y equipos en La Plata. Ajustes de marca en Amenábar y operación en el Barrio Chino. Evento familiar en Temperley y 10 km con 35° de térmica.
Y en paralelo, Chile y Colombia funcionando.
Todo convive. Todo parece importante. Y todo compite por tu atención.
En mi etapa corporativa intenté la “agenda equilibrada”. Bloques de foco, reuniones ordenadas, rutina de manual. Funciona… hasta que la realidad aparece.
La realidad no es equilibrio. Es orquestación.
Hoy uso un criterio distinto: no busco equilibrio, busco presencia real.
Porque cuando buscás equilibrio, podés terminar cometiendo un error como líder: Estás en una reunión, pero pensando en otra. Estás entrenando, pero pensando en el trabajo. Estás con tu familia, pero no estás.
Eso no es agenda. Es dispersión.
Lo que me funciona es el sistema de cajas estancas. No porque la vida esté separada, sino porque la atención necesita orden. No intento equilibrar mi vida; orquesto mi energía.
Caja de Estrategia (Duhau): Sin teléfono. Largo plazo.
Caja de Ejecución (Amenábar / Barrio Chino): Decisión rápida. Imperfecta, pero real.
Caja de Liderazgo (La Plata): Escuchar. Leer lo que no se dice.
Caja Personal (Gimnasio / 10 km / Hijos): No se negocia.
La tensión aparece cuando mezclás las cajas. Cuando hacés estrategia pensando como operador, o cuando liderás mientras respondés mensajes. Ahí puede que falles.
El problema no es cuánto hacés. Es desde qué caja estás operando.
Cerrando estos días en Pilar, me queda algo claro: la huella no la deja una agenda prolija, la deja una agenda real.
Lo importante no suele entrar prolijo en la agenda.
