- Germán Cerrato
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La mentalidad que te trajo hasta acá no alcanza para la etapa que sigue
La transformación no empieza buscando qué hacer. Empieza aceptando lo que ya no sirve.

Durante octubre, como parte de mi rutina de viajes, conversé en distintos países con ejecutivos que aún están en corporaciones o que ya salieron de ellas. Algunos van pensando en lo que viene; otros ya están viviendo lo que sigue —si así lo decidieron—: un proceso de transformación profesional.
En esas conversaciones acompaño a otros compartiendo mi propio proceso. Pasar de un modelo laboral de dependencia a otro de empresario fue complejo y desgastante. Requirió estómago. Hubo noches en las que dormí mal. Hasta que la cosa empezó a tomar forma, corrí riesgos y acumulé desgaste.
Llevó su tiempo y a lo que menos le acerté fue al pronóstico de cuánto me llevaría. No puedo recordar un momento exacto en el que pudiera decir que ya había cruzado el río; como que tuve que recorrer una distancia más allá de la segunda orilla para darme vuelta y ver el río a la distancia.
Más adelante, aún creyendo que ya había cambiado lo que había que cambiar, me encontré con que nuevamente tenía que ajustarme. Hoy, en retrospectiva, puedo observar dos cosas:
Primero, que no existe un punto de llegada donde se recupera la “sensación de estabilidad y control” que se tenía antes de iniciar el cambio; pensar así sería no haber cambiado de modelo. Se llega a otra cosa: libertad profesional y entusiasmo por lo propio.
Segundo, aparecieron preguntas que no podía plantearme al inicio del proceso. Atravesada la incertidumbre y con nuevas herramientas para convivir con ella, se abre un mundo nuevo. En ese mundo nuevo me fui alejando de algunos patrones de pensamiento a los que había echado mano durante la transformación. Habían sido útiles para salir de la lógica anterior, pero no necesariamente para construir lo que seguía. A mayor distancia de la corporación y con mejor perspectiva, empecé a usar patrones nuevos.
Una aclaración: no creo que exista la libertad total. Uno siempre depende de algo o de alguien. La libertad total, junto con otras afirmaciones adquiridas, la tengo en mi lista de “falsas ilusiones”.
Con aquella transformación ya atravesada, y más envalentonado con lo logrado, me vi en la necesidad de ajustarme para dirigirme realmente hacia aquello que quería y que, en definitiva, había sido el origen de la necesidad de encarar el proceso de transformación. Es decir, pasé de la incomodidad existencial inicial a la construcción del verdadero sueño, donde uno siente que se la juega de verdad. Algo así como experimentar un desarrollo real al estar en la carrera en la que internamente quería estar, pero que en su momento no podía poner en palabras.
Agrego también una distinción: la transformación no empieza buscando qué hacer. Empieza aceptando que la mentalidad que nos trajo hasta un punto puede no servir para llegar al siguiente. Algo así: buscar una nueva mentalidad lleva a un nuevo quehacer; el nuevo quehacer lleva al nuevo punto.
Esas conversaciones tuvieron un cierre similar: se necesita cambiar el enfoque. Si querés algo distinto de lo que tenés, lo que te trajo hasta acá no va a alcanzar. Hay que dejarlo. No lo que aprendiste. La mentalidad con la que lo aprendiste.