Socia de todas mis sociedades.

Es curioso cómo, cuando miramos hacia atrás, muchas decisiones importantes no las tomamos realmente solos.

En broma digo que tiene el 51% del equity.

Y si miro hacia atrás, probablemente sea cierto.

Porque, en la práctica, estuvo en todas.

Desde ideas pequeñas que hoy parecen lejanas —como cuando explotamos juntos el bar de un colegio para generar ingresos adicionales— hasta proyectos más recientes como CRUZ, donde hoy administramos cuatro locales.

Pero si lo pienso bien, su participación empezó mucho antes que cualquier emprendimiento.

Estuvo cuando me fui meses a navegar en la Fragata Libertad.

Estuvo cuando me entrenaba en Fort Benning, Georgia, mientras Estados Unidos se preparaba para Irak en 2003.

Y estuvo también en cada una de las ideas que se me fueron ocurriendo probar después.

Si tuviera que definir su rol, diría que fue algo así como la coach de los últimos treinta años.

No necesariamente con metodologías, sino con algo bastante más simple: escuchar, esperar y, en los momentos complejos, recordarme quién era cuando yo mismo lo olvidaba.

A veces uno atraviesa etapas donde se siente invencible.

Especialmente cuando las cosas salen bien, cuando la carrera avanza o cuando “la vaca parece atada”.

En esos momentos es fácil convencerse de que no necesitamos a nadie. Y en el corto plazo puede incluso parecer cierto.

Pero las carreras largas —y las vidas largas— terminan mostrando otra cosa.

El acompañamiento toma más valor en el largo plazo.

En mi caso ese acompañamiento llegó incluso a lugares inesperados.

Una vez me acompañó a un almuerzo de ejecutivos donde estaba Horst Paulmann.

Y ahí estaba ella, moviéndose con absoluta naturalidad en un mundo que no era el suyo.

No es casualidad.

Es la mayor de once hermanos —mismos padres— y tiene una capacidad especial para sostener a los demás.

Hoy, con más perspectiva, puedo afirmarlo para mí mismo:

Los proyectos importan.

Las decisiones importan.

Las carreras importan.

Pero quién nos acompaña en el recorrido importa mucho más de lo que solemos reconocer.